De la educación a distancia a la educación virtual
Aunque se trate de adjetivos cuya frecuencia de uso se ha disparado en los últimos tiempos gracias al debate en torno a las nuevas posiblidades educativas que conlleva el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la necesidad de un modelo abierto, flexible y versátil para la educación superior no es estrictamente novedosa.
El «hito» más importante que señaló el inicio de las modernas universidades a distancia en el ámbito mundial fue la fundación en 1969 de la Universidad Abierta (Open University) de Gran Bretaña. Tras su creación, y hasta el día de hoy, en muchos países han surgido programas de educación superior a distancia. En el área iberoamericana, las pioneras en este tipo de instituciones fueron la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en España, creada en 1972 y, en Iberoamérica, en 1977, la Universidad Estatal a Distancia (UNED) de Costa Rica y la Universidad Nacional Abierta (UNA) de Venezuela. Y desde entonces han surgido muchas más: la UNAD de Colombia, la Facultad de Estudios a Distancia y Educación Virtual (FEDEV) de la Unviersidad de Belgrano (Argentina), la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey (Mexico), la UBA XXI (programa de educación a distancia de la Universidad de Buenos Aires)… Sin olvidar que, desde el punto de vista de la virtualización, hay iniciativas más recientes como la de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), fundada en 1995 y con sede en Barcelona.
Virtual Worlds de HVS Silverstar en Flickr bajo CC.
En un interesante artículo publicado en el Centro Virtual Cervantes, Miguel Casas Armengol, de la Universidad Nacional Abierta, reflexiona que “la realidad mundial actual es que la Educación a distancia, constituye una de las formas educativas más vigorosa y extendida, tanto en sociedades de gran desarrollo, como también en países subdesarrollados”.
Armengol plantea además una pregunta: ¿Cuáles son las razones que pueden explicar esta enorme proliferación, éxito y creciente demanda? “En realidad, ciertas características de la Educación a distancia resultan especialmente útiles para las condiciones de la vida moderna. Entre otras: (1) la posibilidad de llevar el conocimiento hasta donde está el que lo necesita; (2) lograr combinar estudios, simultáneamente con el trabajo y la atención a la familia; (3) mantener durante toda la vida activa de un ciudadano un proceso continuo de educación y entrenamiento; (4) evitar desplazamientos importantes para atender la realización de estudios; (5) resolver, en general, problemas de espacio y tiempo en las labores de aprendizaje permanente; (6) extender educación y entrenamiento a grandes masas de población diseminada irregularmente en enormes territorios; y (7) disminuir significativamente los costos de educación y entrenamiento, previo cumplimiento de ciertas condiciones.”
En la evolución de la educación a distancia podemos distinguir varias fases: Primera Generación (por Correspondencia) ; Segunda Generación (Multimedia); Tercera Generación (Teleaprendizaje); Cuarta Generación (Aprendizaje Flexible); y Quinta Generación (Aprendizaje Flexible Inteligente). La virtualización tiene que ver con la implantación de las dos últimas.
El final de la evolución de la educación a distancia requiere cambio importante en el modelo educativo. “El viejo paradigma consistía en la transmisión de conocimientos, valores y cultura general desde los maestros hacia los aprendices”, dice Miguel Casas. “Ahora la educación es concebida como un proceso dirigido a ayudar a los estudiantes para que aprendan a través de la adquisición del conocimiento que ellos necesitan. Los profesores ya no son los únicos que poseen el conocimiento. El conocimiento está disperso en todo el mundo, en diferentes sitios y fuentes. El rol del profesor consiste en ayudar y orientar a los estudiantes para que obtengan el acceso a estas fuentes, facilitando que ellos aprendan. Por consiguiente, el profesor ya no es el centro del proceso educativo.”.
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